Julio Herrera y Reissig:

La mejor de las fieras humanas

Poesía

 
Los peregrinos de piedra

Eufocordias               [1901 - 1907]

Nocteritmias              [1903 - 1909]

Eglogánimas             [1904 - 1908]

Estrolúminas              [1902 - 1909]

Otros poemas           [1900- 1910]
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Herrera y Reissig tenía, al morir, el plan completo para publicar un volumen de su poesía. Ese volumen iba a llevar el título Los peregrinos de piedra. Su plan conoció varias versiones, de las cuales nos han llegado tres; una de ellas llegó a publicarse en la prensa en noviembre de 1909 (*). Había llegado a revisar parcialmente las galeradas de ese volumen (probablemente menos de la mitad del mismo), preparado por la editorial de Orsini Bertani, cuando la muerte se lo llevó.


Sus albaceas, en ese momento, decidieron tomar otro rumbo, cambiar ese plan, y publicar cinco volúmenes de poesía, para lo cual separaron el material previsto para el volumen planeado por el autor y lo mezclaron, y lo “estiraron” a lo largo de los tomos, con otros poemas que Herrera y Reissig no consta que hubiera previsto publicar en libro.


No sabemos si Herrera y Reissig consideraba que lo incluido en su plan original reunía todo lo que merecía ponerse en libro del total de su obra. En cualquier caso, el plan cierto y que existió, que fue divulgado antes que Herrera muriese (él mismo lo dio a publicidad) no fue el seguido por sus albaceas. La publicación en cinco volúmenes que ellos prepararon se convirtió así en la edición “oficial” de Herrera y Reissig, y de un modo u otro todo el resto de las ediciones intentadas hasta ahora dependen -y ciertamente, por razones atendibles, pero no indiscutibles- de aquel ordenamiento intentado por los albaceas de Herrera.


El resultado de Los peregrinos de piedra (el título general de la edición Bertani) es desafortunado para la obra de este poeta. Incluye poemas que no tienen un interés comparable con los que Herrera y Reissig había incluido consistentemente en las colecciones mayores que fue publicando en la prensa mientras vivía. Esas colecciones él mismo las llamó, después de ensayar alguna variante, Los parques abandonados, Los éxtasis de la montaña y Las clepsidras. Hay una cuarta, que en sus planes a veces llamaba Nocteritmias, y que incluye su famoso La torre de las esfinges o Tertulia lunática. Las tres primeras colecciones entre las nombradas reúnen más del 80% de la obra total. Fuera de esas colecciones, Herrera publicó algunos poemas largos que, o forman parte de sus tanteos iniciales y aún no reflejan la voz que alcanzaría enseguida (me refiero a “Las pascuas del tiempo”, “La Vida” y “Recepción”, fundamentalmente), y otros que parecen sobre todo concesiones a sus tres o cuatro meses de labor como editor de “sociales” del periódico La Democracia, en 1906. En ese espacio, Herrera dejó aparecer una cantidad de textos que resultan prácticamente ilegibles a esta altura, recargados de retórica dulzona y sin novedad. Significativamente, tampoco aparecen tales poemas, que excluiré de esta muestra, en las tres versiones manuscritas de su plan que se han conservado. Fueron publicados por su esposa y César Miranda, en parte para completar el espacio de cinco volúmenes. Para aumentar el escueto último volumen debieron incluso añadir traducciones y un ensayo en prosa.


Ahora bien, Herrera y Reissig dejó una clave que creo es posible usar para reorganizar la publicación de su obra poética. Se trata de cuatro categorías, títulos, o palabras descriptivas, en las que trabajó mucho. Son: Eufocordias, Nocteritmias, Eglogánimas y Estrolúminas. Roberto Ibáñez es el primero que notó esto y lo estudió, y lo fundamentó a su tiempo. (**) Finalmente, Herrera y Reissig empleó dos de esas categorías en el primer volumen de su obra. Esas categorías describen bien la atmósfera o tonalidad de las cuatro series características de su manera. 


Esos cuatro neologismos son los que empleo, pues, para reunir y titular cada una de las cuatro series en las que reúno lo que me parece mejor de su poesía. Ellas restituyen la unidad perdida a las cuatro partes más valiosas (en mi opinión: esta es una elección personal) de la obra de Herrera y Reissig. En cada colección he intentado respetar en lo posible la cronología de publicaciones de cada poema, en el caso que lo hayan sido en vida del autor. En cada una de ellas, pues, aparece primero los poemas publicados primero por Herrera, dando así también una cierta idea de su trayectoria. También ordeno las colecciones comenzando por las más antiguas, que son las dos incluidas en las Eufocordias (que empezaron a aparecer en 1901), luego las Nocteritmias (que empiezan a aparecer en 1903), luego las Eglogánimas (que empiezan a aparecer en 1904), y finalmente las Estrolúminas (que empiezan a aparecer en 1908).


En la página de inicio a la selección que propongo para cada serie se hace un breve comentario introductorio a cada una de ellas.



(*) «El libro constará de 280 páginas y contendrá estos capítulos: I El laurel rosa, Apoteosis: Recepción (Poema) - II Los éxtasis de las montañas, cuarenta sonetos pastoriles - III La torre de las esfinges, Tertulia lunática, Psicologación morbo-panteísta - IV Los parques abandonados, cuarenta sonetos subjetivos - V Las campanas solariegas, La muerte del pastor, balada eglógica - VI Los pianos crepusculares, Berceuse blanca, veladas sentimentales - VII Las clepsidras, Cromos exóticos, diez sonetos extraños - VIII Los parques abandonados. doce sonetos psicológicos» [en La Razón (Montevideo), nov. 11, 1909].


(**) “La Torre de los Panoramas” (II)




Cuatro neologismos para reagrupar la poesía de Herrera y Reissig

por Aldo Mazzucchelli