Julio Herrera y Reissig

Eufocordias


Julio Herrera y Reissig


Eufocordias

 
Eufocordias

«Julio»
«Octubre»
«Mayo»
«Enero»
«Solo verde-amarillo para flauta. Llave de U»
«Alba gris»
«Neurastenia»
«El desamparo»
«La vejez prematura»
«La última carta»
«El sauce»
«La despedida»
«La sombra dolorosa»
«Luna de miel»
«La reconciliación»
«Decoración heráldica»
«La violeta»
«La cita»
«La novicia»
«Amor blanco»
«Idilio espectral»
«Anima clemens»
«El juramento»
«Quand l’amour meurt»
«Amor»
«Sepelio»
«Determinismo ideal»
«El harpa y Dina»
«Esfinge»
«Bouquet de Abril»
«Camafeo galante»
«El enojo»
«El suspiro»
«El crepúsculo del martirio»
«Transfiguración macabra»
«Nirvana crepuscular»
«La fuga»
«Azul»
«El beso»
«La liga»
«Óleo brillante»
«Crepúsculo espírita»
«Fiat Lux»
«Holocausto»
«Color de sueño»
«Disfraz sentimental»
«Ex-Voto»
«La intrusa»
«Elocuencia suprema»
«Rendición»
«El abrazo pitagórico»
«El juramento»
«Primavera»
«La golondrina»
«Bromuro romántico»
«Repercusión aciaga»
«Nocturno»
«Panteísmo»
«Flor de ángel»
«Muerte blanca»
«Almas pálidas»
«El rosario»
«La viuda»
«¡Eres todo!»

Reúne:

Los maitines de la noche y Los parques abandonados.


“Eufocordias”, es decir, armonías del corazón. Pero más delicadamente, el griego euforos significasaludable’ o ‘nacido sano’, de la combinación de eu, ‘bien’ + ferein ‘llevar o conducir’. Corazones bien llevados, o saludes del corazón, pues. Estos sonetos forman la primera “manera” de Herrera y Reissig cuando encuentra su propia voz; la que primero publicó y cultivó, luego de abandonar sus inseguros comienzos.

Rubén Darío había dicho alguna vez: “El arte no es un conjunto de reglas sino una armonía de caprichos”. Ese mismo enfoque parece desplegarse aquí. Atmósferas enrarecidas, puntos de vista originales, cambios inesperados y sutiles. Cada soneto esboza o cuenta una pequeña historia, un incidente, un episodio galante, o la exploración de sentimientos y estados perceptivos, a veces abstrusos, a menudo enigmáticos. Abundantes sinestesias, metáforas de lujoso rendimiento sensorial, influencia del simbolismo y los “decadentes” franceses, de D’Annunzio, de Albert Samain, y quizá del Lugones de Los crepúsculos del jardín. Es zona que aún tiene algunas caídas [casi siempre en resoluciones innecesariamente enfáticas], en aquel romanticismo anterior que nunca deja del todo a Herrera y Reissig.


Propongo aquí una muy amplia antología de esta serie, que de darse completa podría agrupar más de cien poemas (dependiendo de los criterios de atribución que se empleen). He recuperado el orden original de publicación, en sentido cronológico, en la medida en que no podemos saber con certeza cuánto de lo publicado en Bertani fue revisado por Herrera respecto a esta colección, y por tanto no creo seguro apoyarse en aquella edición para determinar el orden de los textos.


Si el poema fue publicado en vida de Reissig, se indica: bajo qué título de colección lo hizo Herrera [cf. “maitines” para “Los maitines de la noche”, etc.], en dónde, y cuándo. Si el poema no fue publicado en vida de Herrera, simplemente se pone el año aproximado de composición --siguiendo en esto último, provisionalmente y no siempre, el juicio al respecto de Roberto Bula Píriz en su edición Aguilar (1961) de la poesía de Herrera.


A.Mazzucchelli, Marzo de 2010.


[Julio]

Frío, frío, frío!

Pieles, nostalgias y dolores mudos



Flota sobre el esplín de la campaña

Una jaqueca sudorosa y fría,

Y las ranas celebran en la umbría

Una función de ventriloquia extraña.


La neurastenia gris de la montaña

Piensa, por singular telepatía,

Con la adusta y claustral monomanía

Del convento senil de la bretaña.


Resolviendo una suma de ilusiones,

Como un Jordán de cándidos vellones,

La majada eucarística se integra;


Y a lo lejos el cuervo pensativo

Sueña acaso en un Cosmos abstractivo

Como una luna pavorosa y negra.


Almanaque artístico del siglo xx, 1902, oct. 1901.












[Octubre]


Primavera celebra las pubertades.


Un crimen de cantáridas palpita

Cabe el polen. Floridos celibatos

Perecen de pasión bajo los gratos

Azahares perversos de Afrodita.


Como un corpiño que a besar excita,

El céfiro delinque en los olfatos

Mientras llueven magníficos ornatos

A los pies de la virgen de la ermita.


Tocando su nerviosa pandereta

Una zagala brinca en el sendero;

Y al repique pluvial de la pileta,


Con un ritmo de arterias desmayadas,

Se extinguen en el turbio lavadero

Las rosas de las nuevas iniciadas.


Almanaque Artístico del Siglo xx, 1902, oct. 1901.





[Mayo]

Otoño amante de las tísicas!

Tiene el crepúsculo camelias rojas.


Vibra en el aire de metal sonoro

El desmayado adiós de un postrer beso,

Y el sol fallece como un ígneo Creso

En el misterio de su drama de oro.


Su violón monocorde muge un toro

Pregonando su místico regreso,

Y hay en sus ojos un dolor carmeso

Humedecido por extraño lloro.


Entre el síncope mustio de las hojas,

Obnubilada por pasiones rojas,

Sueña un crimen la excéntrica laguna.


Y como si deseara que la arroben,

En su tisis romántica la luna

Escribe una sonata de Beethoven.


Almanaque Artístico del Siglo xx, 1902, oct. 1901.






[Enero]

80*. Está el desierto pálido de sed.


En una ascética ilusión de Brahma,

Sobre el confín de vago anacronismo,

Imagina el equívoco espejismo

La inverosímil inquietud de un drama.


Soñando con la sed un tigre brama

Al desierto, que en áurico ensimismo

Como enigma de extraño gongorismo,

Su gran silencio emocional derrama.


El fino promontorio tiende el cuello

Cual echado y exánime camello

De sudoroso y exabrupto lomo.


Y entre tanto que atisba alguna presa,

Envuelve el mar un beso de turquesa

En su sonrisa de papel de plomo.


Almanaque Artístico del Siglo xx, 1902, oct. 1901.








Solo verde-amarillo para flauta

Llave de u


Virgilio es amarillo

Y Fray Luis verde.

(Manera de Mallarmé)


Andante           Úrsula punza la boyuna yunta

                     La lujuria perfuma con su fruta

                     La púbera frescura de la ruta

                     Por donde ondula la venusa junta.


Piano               Recién la hirsuta barba rubia apunta

                     Al dios Agricultura. La impoluta              pianísimo

                                Uña fecunda del amor debuta

Crescendo         Cual una duda de nupcial pregunta.


                     Anuncian lluvias las adustas lunas,

                     Almizcladuras, uvas, aceitunas

Forte               Gulas de mar, fortunas de las musas;


Fortísimo          Hay bilis en las rudas armaduras

                     Han madurado todas las verduras

                     Y una burra hace hablar las cornamusas.


Almanaque Artístico del Siglo xx, 1902, oct. 1901








Alba gris

Gris en el cielo y en el alma gris;

Rojo en oriente y en e1 alma roio.


Todo fué así. Preocupaciones lilas

Turbaban la ilusión de la mañana,

Y una garza pueril su absurda plana

Paloteaba en las ondas intranquilas.


Un estremecimiento de Sibilas

Epilepsiaba a ratos la ventana,

Cuando de pronto un mito tarambana

Rodó en la oscuridad de mis pupilas.


"Adiós, adiós!", grité, y hasta los cielos

El gris sarcasmo de su fino guante

Ascendió con el rojo de mis celos.


Wagneriaba en el aire una corneja,

Y la selva sintió en aquel instante

Una infinita colisión compleja.


c. 1901. Fue publicado con el título "Alba triste"









Neurastenia


Le spectre de la réalité traverse ma pensée

Víctor hugo


Huraño, el bosque muge su rezongo,

Y los ecos, llevando algún reproche,

Hacen rodar su carrasqueño coche

Y hablan la lengua de un extraño Congo.


Con la expresión estúpida de un hongo

Clavado en la ignorancia de la noche,

Muere la luna. El humo hace un fantoche

De pies de sátiro y sombrero oblongo.


Híncate! Voy a celebrar la misa.

Bajo la azul genuflexión de Urano

Adoraré cual hostia tu camisa:


"Oh, tus botas, los guantes, el corpiño...!”

Tu seno expresará sobre mi mano

La metempsícosis de un astro niño.


c. 1901









El desamparo


Plomizada la altura con el sucio

Arambel de una noche de malicia,

No presumió la tácita blandicia

Del eterno juguete casquilucio.


Tendida virtualmente sobre el lucio

Foulard de los deleites, tu puericia

Deparóme, con náufraga impericia,

La rodlila y el pie y el occipucio.


Y cuando al concretar tus energías,

En el minuto audaz de las porfías,

Señalabas el cielo, adonde sube


La fe de tu mirada nazarena,

El cielo se asomó por una nube

Con tanta ingenuidad que daba pena.


c. 1902








La vejez prematura

Mi perdón besó tu nieve!...


Esa noche, de un salto ponentisco,

Bajo el odio punzó del abrepuño,

Hizo el astro fugaz, en un rasguño,

Aquel pseudo paréntesis de cisco.


Las almas emolientes del lentisco,

Dormidas a lo largo del terruño,

Amaban en las nieves de tu puño

La sangre del histérico mordisco.


Huyeron, con el íntimo preludio

De la diana, las muecas del repudio;

Y al ofrecerte, con la luz caduca


Del menguante, mi beso de perdones,

El humo de las muertas ilusiones,

Hilo a hilo, subía por tu nuca.


c. 1902.















La última carta


Con la quietud de un síncope furtivo,

Desangróse la tarde en la vertiente,

Cual si la hiriera repentinamente

Un aneurisma determinativo...


Hurló en el bosque un pájaro cautivo

De la fascinación de una serpiente:

Y una cabra enigmática, en la fuente,

Describió como un signo negativo.


En su vuelo espectral de alas hurañas,

La noche se acordó de tus pestañas...

Y en tanto que atiplaban mi vahído


Las gracias de un billete perfumado,

Ofició la veleta del tejado

El áspero responso de tu olvido!



maitines / La Revista Nueva, ago. 20, 1902.









El sauce


A mitad de mi fausto galanteo,

Su paraguas de sedas cautelosas

La noche desplegó, y un lagrimeo

De estrellas hizo hablar todas las cosas.


Erraban las Walkirias vaporosas

De la bruma, y en cósmico mareo

Parecían bajar las nebulosas

Al cercano redil del pastoreo...


En un abrazo de postrero arranque,

Caímos en el ángulo del bote...;

Y luego que llorando ante el estanque


Tu invicta castidad se arrepentía,

El sauce, como un viejo sacerdote,

Gravemente inclinado nos unía!...


[«El beso sacro»] maitines / La Revista Nueva, ago. 20, 1902











La despedida

Era una tarde dorada,

Lujosamente oriental,

Pensativa como una lágrima.


Temblábamos al par. En el severo

Y adusto septentrión de tu blancura

Soñaba tenazmente la pavura

Astrologal de un raro ventisquero.


No pude ver tus ojos. El barquero,

Previendo el huracán de mi locura,

Corrió al timón, con pánica premura,

Como espantado búfalo viajero.


La sombra ofial de una pagoda indiana

Proyectó sobre el agua la chalana,

En una grave devoción de duelo:


Mientras con sueño horizontal de inercia,

Pensando en la emoción de tu pañuelo,

Huyó la tarde en su alazán de Persia.


maitines / La Revista Nueva, ago. 20, 1902.


































La sombra dolorosa


Gemían los rebaños. Los caminos

Llenábanse de lúgubres cortejos;

Una congoja de holocaustos viejos

Ahogaba los silencios campesinos.


Bajo el misterio de los velos finos,

Evocabas los símbolos perplejos,

Hierática, perdiéndote a lo lejos

Con tus húmedos ojos mortecinos.


Mientras unidos por un mal hermano,

Me hablaban con suprema confidencia

Los mudos apretones dc tu mano,


Manchó la soñadora transparencia

De la tarde infinita el tren lejano,

Aullando de dolor hacia la ausencia.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.










Luna de miel


Huyó bajo sus velos soñadores,

La tarde. Y en los torvos carrizales

Zumbaba con dulzuras patriarcales

El cuerno de los últimos pastores.


Entre columnas, ánforas y flores

Y cúpulas de vivas catedrales,

Gemí en tu casta desnudez rituales

Artísticos de eróticos fervores.


Luego de aquella voluptuosa angustia

Que dio a tu tez una belleza mustia,

Surgiendo entre la gasa cristalina


Tu seno apareció como la luna

De nuestra dicha y su reflejo en una

Linfa sutil de suavidad felina.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.










La reconciliación


Alucinando los silencios míos,

Al asombro de un cielo de extrañeza,

La flébil devoción de tu cabeza

Aletargó los últimos desvíos.


Con violetas antiguas, los tardíos

Perdones de tus ojos mi aspereza

Mitigaron. Y entonces la tristeza

Se alegró como un llanto de rocíos.


Una profética efluxión de miedos,

Entre el menudo aprisco de tus dedos,

Como un David, el piano interpretaba.


En tanto, desde el místico occidente,

La media luna, al ver que te besaba,

Entró al jardín y se durmió en tu frente.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.











Decoración heráldica


Señora de mis pobres homenajes
débote siempre amar aunque me ultrajes

Góngora


Soñé que te encontrabas junto al muro

Glacial donde termina la existencia,

Paseando tu magnífica opulencia

De doloroso terciopelo oscuro.


Tu pie, decoro del marfil más puro,

Hería, con satánica inclemencia,

Las pobres almas, llenas de paciencia,

Que aun se brindaban a tu amor perjuro.


Mi dulce amor que sigue sin sosiego,

Igual que un triste corderito ciego,

La huella perfumada de tu sombra,


Buscó el suplicio de tu regio yugo,

Y bajo el raso de tu pie verdugo

Puse mi esclavo corazón de alfombra.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.










La violeta

Y una violeta llenó

El alma de la tarde.


Morían llenos de clamor los sotos,

Y érase en aquel rincón exiguo,

Un misterioso malestar ambiguo

De dichas y de ayes muy remotos.


Oh cartas!...en el cenador contiguo

Las dalias recordaron nuestros votos

Cual si se condolieran de los rotos

Castillos blancos de papel antiguo...


La tarde saturóse en la glorieta,

De tu pañuelo suave de violeta;

Al par que sugiriendo tus agravios


Veló el cielo, como alma de reproche,

La violeta cordial que aquella noche

Suspendí de la gracia de tus labios.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.








La novicia


Surgiste, emperatriz de los altares,

Esposa de tu dulce nazareno,

Con tu atavío vaporoso, lleno

De piedras, brazaletes y collares.


Celoso de tus júbilos albares,

El ataúd te recogió en su seno,

Y hubo en tu místico perfil un pleno

Desmayo de crepúsculos lunares.


Al contemplar tu cabellera muerta,

Avivóse en tu espíritu una incierta

Huella de amor. Y mientras que los bronces


Se alegraban, brotaron tus pupilas

Lágrimas que ignoraran hasta entonces

La senda en flor de tus ojeras lilas.


maitines / Vida Moderna, jun. 1903.











La cita


Una declaración de terciopelos

Marquesea en las lilas del encaje,

Y en el leve París de cada traje

Manón ensaya pecadores vuelos...


Frívolas religiones en los velos

Se misterian. En prófugo miraje

De oro y muaré blasonan su linaje

Las lunas esplinadas por los celos.


“Trin-trin, ja, ja!", los brindis y los labios

Conspiran de ilusión con las galopas,

Y están de amor los abanicos sabios.


“Paff", el champaña su inquietud recita.

Y en el fondo silente de las copas

Duerme el dulce pecado de la cita.



[Luis xv] / La Alborada, set. 27, 1903.


















Idilio espectral


Pasó en un mundo saturnal. Yacía

Bajo cien noches pavorosas, y era

Mi féretro el olvido... Ya la cera

De tus ojos sin lágrimas no ardía.


Se adelantó el enterrador. Sombría

Estabas tú. Bramaba en la ribera

De la morosa eternidad, la austera

Muerte hacia la infeliz melancolía.


Sentí en los labios el dolor de un beso.

No pude hablar. En mi ataúd de yeso

Se deslizó tu forma transparente...


Y en la sorda ebriedad de nuestros mimos

Anocheció la tapa y nos dormimos

Espiritualizadísimamente.


parques / La Alborada, ene. 1, 1904











Anima clemens


Palomas lilas entre los alcores,

Gemían tus nostalgias inspiradas;

Y en las ciénagas, de astro ensangrentadas,

Corearon su maitín roncos tenores.


En los castillos y en los miradores,

Encendía el ocaso cuentos de hadas;

Y aparecía, al son de agrias tonadas,

El gesto oscuro de los leñadores.


Como una buena muerte, sin angustia

Durmióse el día, violeta mustia...

En tan propicia media luz de olvido,


Naufragaron tus últimos lamentos,

Mientras, en los cortijos soñolientos,

Rebotaba de pronto algún ladrido!...


c. 1904.











.











Quand l'amour meurt


Nada en mis labios... Noche en su mirada.

No había en nuestras almas ni una huella

De aquel amor, que como errante estrella,

Ardió una noche y se perdió en la nada...


Inmóvil... Muda... Sin color... Helada!

Ni un triste adiós, ni una postrer querella...

Yo bostezaba de agonía..., y ella

Rió como una muerta embalsamada...


En uná trémula capilla ardiente

Trocóse el ancho azul... Macabramente,

El carro de los astros—regio coche


Fúnebre del sepelio del olvido—

Se apareció a mi estro; y sin ruido

Nos envolvió el sudario de la noche.


c. 1904.











Amor


Papa intrigante y femenino, lame

Tu sandalia infecciosa el mundo entero;

Sublime charlatán, gran embustero,

Mercader falso de amuletos, dame


Tu filtro que envenena y que hace infame:

Anima con tu cifra nuestro cero:

Tu lepra es el incienso más sincero

Que ondular puede el vil que te proclame.


Simpático demonio! Monstruo hipnótico

De cuerno egregio y alas de narcótico...

Galante dios podrido hasta los huesos.


A ti la gracia de humillar te cupo,

Siglos y reyes, con tus aptos besos.

Oh amor, gloria a tu nombre!..., yo te escupo!


c. 1904








Sepelio


Mirándote en lectura sugerente,

Llegué al epílogo de mis quimeras;

Tus ojos de palomas mensajeras

Volvían de los astros, dulcemente...


Tenía que decirte las postreras

Palabras, y callé espantosamente;

Tenía que llorar mis primaveras,

Y sonreí, feroz... Indiferente...


La luna, que también calla su pena,

Me comprendio como una hermana buena...

Ni una inquietud, ni un ademan, ni un modo;


Un beso helado... Una palabra helada.

Un beso, una palabra, eso fue todo:

Todo pasó sin que pasase nada!


Caras y Caretas (Buenos Aires), may. 6, 1905










Determinismo ideal


Otra vez el pasado, con abstrusa

Niebla, obsedía su razón serena,

Y yo insinuaba a tanta sorda pena

La sutileza de mi larga excusa...


Su llanto era un reproche en una ilusa

Pauta de amor, y más que su alma buena,

Me hablaba en elocuencia extraterrena

Su palidez celeste de reclusa.


Hacia la noche negra y estrellada

Volvimos abstraídos la mirada...

Nos pareció que sobre el tiempo amargo,


Caía desde el cielo un gran borrón...

Y nos volcamos bajo un beso largo,

Todos los astros en el corazón!...


c. 1905.














El harpa y Dina


El harpa y Dina: sabias musicales...

Mujer en música es el harpa; y Dina,

Mujer en verso y harpa femenina

De los harpistas supersustanciales...


Mujer en verso y ánfora de astrales

Pitagorizaciones, luna fina,

Cisne del lago de Platón, ondina

Con ojos de Venecias irreales...


Su mano es pájaro de luz, que arranca

Noche infinita a cada arpegio... Trema

El harpa, y llora en una albricia franca;


Y Dina muere de ilusión extrema...

Y ambas se cuentan su nostalgia blanca

En un abrazo de amistad suprema!


El Diario Español (Buenos Aires), ene. 7, 1906.









Esfinge


Ojos de noche, de imposibles mundos,

De terciopelo ultra-violeta!... Nada

Como esa tenebrosa llamarada

En éxtasis, de cráteres profundos.


Tus cejas son los arcos iracundos

Del destino: elemento, mujer, hada!...

El dardo de cupido es tu mirada:

Deja los corazones moribundos.


Son lámparas eternas, con estíos

Eternos y con vértigos sombríos.

No alumbran, extravían corazones,


Transforman en cobardes a los fuertes,

Ojos que dan las luminosas muertes

De las centellas y las erupciones!...


["Noche"] El Diario Español (Buenos Aires), ene. 7, 1906.





















Bouquet de abril

A zulema, que canta y suspira

Versos apasionados.


—Canta, Zulema, canta la exquisita

Música de oro de tu primavera!

Y Zulema exhaló todo lo que era,

Noche de luna, nonchalance de cita...


—Zulema, exhala tu ebriedad, recita

Tus versos sabios en azul quimera!

Y Zulema callaba la primera

Desilusión, y se inclinó marchita.


—deja esa antigua oscuridad, Zulema:

Tu frente alumbra, tu mirada quema...

"primavera" te hosanan en su tiple


Las aves, tus hermanas, flor de encanto,

Porque a más de ser bella, eres el canto

Y eres el verso: primavera triple!


["Canta Zulema" o "Blasón"], La Prensa, ene. 27, 1906









Camafeo galante

En mis dominios no se pone el sol. ..


Diosa, musa o esfinge—una divina

Magia platónica te insufla; en cuna

De estrellas vive el ruiseñor que trina

En tu garganta, milagrosa y una...


Oh, qué discreta languidez se inclina

Como una flor, en tu belleza bruna!

Y tu pupila, hermana de la luna,

Se embriaga de imposible y de neblina...


Lejos de los siniestros arenales

En que desmaya la columna trunca

De la mortal desilusión, María,


Alza la torre de tu fantasía

En los dominios supersustanciales

Donde la luna no se pone nunca...


["Ultra-azul"], La Democracia, may. 15, 1906.










El enojo


Todo fué así: sahumábase de lilas

Y de heliotropo el viento en tu ventana;

La noche sonreía a tus pupilas,

Como si fuera su mejor hermana...


Mi labio trémulo y tu rostro grana

Tomaban apariencias intranquilas,

Fingiendo tú mirar por la persiana,

Y yo, soñar al son de las esquilas.


Vibró el chasquido de un adiós violento!...

Cimbraste a modo de una espada al viento;

Y al punto en que iba a desflorar mi tema,


Gallardamente, en ritmo soberano,

Desenvainada de su guante crema,

Como una daga, me afrentó tu mano.


La Democracia, jul. 27, 1906











El suspiro


Quimérico a mi vera concertaba

Tu busto albar su delgadez de ondina,

Con mística quietud de ave marina

En una acuñación escandinava...


Era mi pena de tu dicha esclava;

Y en una loca nervazón divina,

El tropel de una justa bizantina

En nuestro corazón tamborilaba...


Strauss soñó desde el atril del piano

Con la sabia epilepsia de tu mano...

Mendigo del azul que me avasalla


—en el hosco trasluz de aquel retiro—

De la noche oriental de tu pantalla

Bajó temblando mi primer suspiro!...


["El suspiro solitario"], La Democracia, jul. 28, 1906








El crepúsculo del martirio


Te vi en el mar, te oí en el viento

Ossian


Con sigilo de felpa, la lejana

Piedad de tu sollozo en lo infinito

Desesperó, como un clamor maldito

Que no tuviera eco... La cristiana


Viudez de aquella hora en la campana,

Llegó a mi corazón... Y en el contrito

Recogimiento de la tarde, el grito

De un vapor fue a morir a tu ventana.


Los sauces padecían con los vagos

Insomnios del molino... La profunda

Superficialidad de tus halagos


Se arrepintió en el mar... Y en las riberas,

Echóse a descansar, meditabunda,

La caravana azul de tus ojeras!...


La Democracia, jul. 31, 1906.






Transfiguración macabra


Como un hosco motivo veneciano,

Lunático en su viejo pergamino,

Tenía aquel crepúsculo marino

La expectativa de un terror lejano...


Ante un póstumo rictus de tu mano,

Miraba descorcharse en el cetrino

Pensamiento del agua el remolino

De un taciturno mal humor pagano.


Un miserere de senil respeto,

En su eterna vocal ronca de frío,

Cantó a la luna el mar analfabeto:


"A-a-a-a-a-a..." y en el navío,

Describiendo mi oblicuo desvarío,

Brincaba la armazón de tu esqueleto.


[«La arboladura fantástica»], La Democracia, ago. 4, 1906














Nirvana crepuscular


Con su veste en color de serpentina,

Reía la voluble primavera...

Un billón de luciérnagas de fina

Esmeralda, rayaba la pradera.


Bajo un aire fugaz de muselina,

Todo se idealizaba, cual si fuera

El vago panorama, la divina

Materialización de una quimera...


En consustanciación con aquel bello

Nirvana gris de la naturaleza,

Te inanimaste... Una ideal pereza


Mimó tu rostro de incitante vello,

Y al son de mis suspiros, tu cabeza

Durmiose como un pájaro en mi cuello!...



parques / Apolo, mar. 1907














La fuga


Temblábamos al par... En el austero

Desorden que realzaba tu hermosura,

Acentuó tu peinado su negrura

Inquietante de pájaro agorero...


Nadie en tus ojos vió el enigma, empero

Calló hasta el mar en su presencia oscura!

Inaccesible y ebria de aventura,

Entre mis brazos te besó el lucero.


Apenas subrayó el esquife vago

Su escuálida silueta sobre el lago,

Te sublimaron trágicos sonrojos...


Sacramentó dos lágrimas postreras

Mi beso al consagrar sobre tus ojos.

Y se durmió la tarde en tus ojeras!...


La Democracia, ago. 5, 1906.






Azul


Hurí de gemas en moderna posa;

Peinado de alas, floreciendo finas

Sedas de Holanda y blondas bizantinas,

Eras sonrisa y astro y mariposa...


El campo te acogió con olorosa

Languidez, y en la tela vespertina

Se ilusionaron para tu retina

Vagas alhambras de heliotropo y rosa...


A las postreras rielaciones bronces

Del sol, te amé por vez primera. Entonces

Temblamos en la unción de aquel poniente,


Como dos niños, bajo el olmo espeso,

A punta que en la hostia de tu beso

Se alzó mi alma, luminosamente...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), may. 26, 1907.










El beso


Disonó tu alegría en el respeto

De la hora, como una rima ingrata,

En toilette cruda, tableteado peto

Y pasamanerías de escarlata...


De tu peineta de bruñida plata

Se enamoró la tarde, y junto al seto,

Loqueando me crispaban en secreto

Tus actitudes lúbricas de gata.


De pronto, cuando en fútiles porfías,

Me ajaban tus nerviosas ironías,

Selló tu risa, de soprano allegro,


Con un deleite de alevoso alarde,

Mi beso, y fue a perderse con la tarde

En el país de tu abanico negro!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), may. 26, 1907.








La liga

“honni soit qui mal y pense”...


Husmeaba el sol, desde la pulcra hebilla

De tu botina, un paraíso blanco...

Y en bramas de felino, sobre el banco,

Hinchóse el tornasol de tu sombrilla.


Columpióse, al vaivén de mi rodilla,

La estética nerviosa de tu flanco;

Y se exhaló de tu vestido un franco

Efluvio de alhucema y de vainilla.


Entre la fuente de pluviosas hebras,

Diluía cambiantes de culebras

La tarde... Tu mirada se hizo muda


Al erótico ritmo; y desde el pardo

Plinto un Tritón significó su dardo

Concupiscente, hacia tu liga cruda!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), may. 26, 1907.







Óleo brillante


Fundióse el día en mortecinos lampos,

Y el mar y la ribera y las aristas

Del monte, se cuajaron de amatistas,

De carbunclos y raros crisolampos.


Nevó la luna, y un billón de ampos

Alucinó las caprichosas vistas;

Y embargaba tus ojos idealistas

El divino silencio de los campos...


Como un exótico abanico de oro,

Cerró la tarde en el pinar sonoro...

Sobre tus senos, a mi abrazo impuro,


Ajáronse tus blondas y tus cintas...

Y erró a lo lejos un rumor oscuro

De carros, por el lado de las quintas!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), may. 26, 1907.

























Crepusculo espírita


Mustio, fugaz y tétrico amaranto!

Tu precoz primavera se ahogó un día

En la escarcha final. La negra harpía

Te vió, y celosa te raptó a mi encanto...


Ante la escala de ultra-tumba, tanto

Fué tu enajenamiento de agonía,

Que en la ansiedad de tu sonrisa ardía

La misteriosa insinuación de un canto.


Soñé en la tarde—con molicie inerte—

Darte mi único beso: el de la muerte...

Con trágicas fruiciones, paso a paso,


Gusté en tus labios la fatal delicia,

Mientras sensible a mi primer caricia,

Se sonrojó tu alma en el ocaso!


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 9, 1907.











Fiat lux


Sobre el rojo diván de seda intacta,

Con dibujos de exótica gramínea,

Jadeaba entre mis brazos tu virgínea

Y exangüe humanidad de curva abstracta...


Miró el felino con sinuosa línea

De ópalo; y en la noche estupefacta,

Desde el jardín, la Venus curvilínea

Manifestaba su esbeltez compacta.


Ante el alba, que izó nimbos grosellas,

Ajáronse las últimas estrellas...

El cristo de tu lecho estaba mudo.


Y como un huevo, entre el plumón de armiño

Que un cisne fecundara, tu desnudo

Seno brotó del virginal corpiño...


["La Venus propicia"] / parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 9, 1907.











Holocausto


Junto a la fuente, en posa de agonía,

Con arrobo de trágicos juguetes

Hacías naufragar los ramilletes

Que fueran clave de tu amor un día...


Con viperinas gulas, la onda impía

Mordió los aromáticos billetes,

Y el sol se desangró en la fantasía

De tus sortijas y tus brazaletes.


La tarde ahogóse entre opalinas franjas...

En tanto, desde el fondo de las granjas,

Avivó un piano los inciertos rastros


De tu infantil amanecer primero,

Y te sacrifiqué, como un cordero,

Mi pobre corazón, bajo los astros!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 9, 1907












Color de sueño


Anoche vino a mí, de terciopelo;

Sangraba fuego de su herida abierta:

Era su palidez de pobre muerta

Y sus náufragos ojos sin consuelo...


Sobre su mustia frente descubierta

Languidecía un fúnebre asfodelo.

Y un perro aullaba, en la amplitud de hielo,

Al doble cuerno de una luna incierta...


Yacía el índice en su labio, fijo

Como por gracia de hechicero encanto,

Y luego que, movido por su llanto,


Quién era, al fin, la interrogué, me dijo:

—ya ni siquiera me conoces, hijo:

Si soy tu alma que ha sufrido tanto!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 9, 1907.














Disfraz sentimental


Bajo un azul severo de pizarras,

La noche te amparó como una tienda

La última vez que te encontré en la senda,

Por entre el laberinto de unas parras...


Dolíase, con líricas bizarras,

Un piano en la poética vivienda,

Y en él Chopin atempestó una horrenda

Tortura con aullidos y con garras...


Solos con nuestras almas y 1a noche,

Ni un halago cambiamos, ni un reproche...

Yo te mentía de un amor ligero;


Y tú exultabas con unción fingida,

Mientras en nuestros ojos un lucero

Sorprendía una lágrima escondida!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 23, 1907.











Ex-voto


Cantaban los estanques de agua ciega,

Al mismo tiempo que quintaesenciara

Tu amor, como una ambigua dulcamara

De miel y duda, en la armoniosa vega.


El bosque olía a mirras como un ara...;

Y los tritones de la fuente griega

Soplaban en su trompa solariega,

Alucinados por la ninfa clara.


Me arrodillé!... Y apenas a la infija

Opalescencia, junto al sicomoro,

Se abrió tu mano de musmé prolija,


—te di, bajo el crepúsculo sonoro,

Sobre el áspid sutil de una sortija,

Mi alma en una lágrima de oro!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 23, 1907











La intrusa


Por aquella que siempre me acompaña,

Y a quien canto en mis versos, sientes duda,

Que llora cuando lloro y que restaña

Mi negra herida con su mano ruda...


No hay sino ella que a mi noche acuda,

Con frente desolada y alma extraña,

A darme el beso de su boca huraña

Y mirarme con ojos de viuda...


Ella es mi hermana de melancolía,

Que, con pálida mano de abadesa,

De mustia luna mi camino alfombra...


Ay!, si te viera, cuánto te amaría

La triste soledad, tu rival, esa

Que odias y es apenas una sombra!


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 23, 1907











Elocuencia suprema


La odiaba con pasión, con entusiasmo...

Y oh dicha de vengarme! A poco trecho,

El mar. La noche arriba. Y yo en acecho,

Gustándola con risa y con sarcasmo!...


Miréla ante el abismo. Sentí espasmo...

Ya la iba a hundir en el dantesco lecho;

Hablóme el mar..., se conturbó mi pecho...,

Y me detuve con profundo pasmo!


Ante esa voz, la noche, el inaudito

Silencio eterno, comprendí contrito

Cuán pequeño y fugaz es lo que existe...


Impetréla perdón con hondo acento...

Ella fué blanda! Y desde aquel momento

Suyo es mi amor ligeramente triste!...


parques / El Diario Español (Buenos Aires), jun. 23, 1907












Rendición


Evidenciaban en moderna gracia

Tu fina adolescencia de capullo,

El corpiño y la falda con orgullo

Ceñidos a tu esbelta aristocracia.


Henchíase tu alma de la audacia

De la naturaleza y del murmullo

Erótico del mar, y era un arrullo

El vago encanto de tu idiosincrasia...


Lució la tarde, ufana de tu moño,

Ojeras lilas, en toilette de otoño...

Ante el crespo Neptuno de la fuente,


En el cielo y tu faz brotaron rosas

Mientras, como dos palmas fervorosas,

Rindiéronse tus manos, dulcemente!...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires) jul. 7, 1907.







El abrazo pitagórico


Bajo la madreselva, que en la reja

Filtró su encaje de verdor maduro,

Me perturbaba con el claroscuro

De la ilusión, en la glorieta añeja...


Cristalizaba un pájaro su queja;

Y entre un húmedo incienso de sulfuro

La luna de ámbar destacó al bromuro

El caserío de rosada teja...


Oh sumo genio de las cosas! Todo

Tenía un canto, una sonrisa, un modo...

Un rapto azul de amor, o Dios, quién sabe


Nos sumó a modo de una doble ola,

Y en forma de “uno”, en una sombra sola,

Los dos crecimos en la noche grave...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires) jul. 7, 1907.









El juramento


A plena inmensidad, todas las cosas

Nos efluviaron de un secreto mago,

Walter Scott erraba sobre el lago

Y Lamartine soñaba entre las rosas...


Los dedos en prisiones temblorosas,

Nos henchimos de azul éxtasis vago,

Venciendo a duras penas un amago

Inefable de lágrimas dichosas.


Ante Dios y los astros, nos juramos

Amarnos siempre como nos amamos...

Y un astro fugitivo, aquel momento,


Sesgó de plano a plano el infinito,

Como si el mismo Dios hubiera escrito

Su firma sobre nuestro juramento!...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires) jul. 7, 1907






Primavera


Con sus livianos trece años iba

Detrás mío, y crispándome de abrojos;

Su clara risa entre sus labios rojos

Triscaba como un chorro de agua viva.


Luego, de pronto, sin que hubiera enojos,

Tornóse hostil, y a mi inquietud esquiva

Se replegó como una sensitiva,

Y un llanto de oro se agolpó en sus ojos.


¿Fué brusco amor, fué pubertad, fué instinto,

Fué una perturbación de primaveras?...

Vuelta al hogar me pareció distinto


Su encanto, y harto graves sus maneras,

Con un misterio nuevo en sus ojeras

Brumadas de un crepúsculo jacinto!...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires) jul. 7, 1907.










La golondrina


Batiendo lindes y salvando zanjas,

Inquietaba el amor nuestros latidos;

Pañuelos charros de amarillas franjas

Dijéranse los predios florecidos...


Tiñeron el azul desvanecidos

Celajes rosas, lilas y naranjas;

Y collares de fósforo en fluidos

Guiños relampaguearon en las granjas...


Pidiéndome que entrase—en tu querella—

Mi alma en tu alma y anidase en ella,

Busque en tu boca el oportuno acceso;


Y mi alma—pájaro invisible cuya

Gorjeante nota fuera un frágil beso—

Entró cantando al seno de la tuya...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires), ago. 11, 1907











Bromuro romántico


Burlando con frecuencia el vasallaje

De la tutela familiar en juego,

Nos dimos citas, a favor del ciego

Azar, en el jardín, tras el follaje...


Frufrutó de aventura tu aéreo traje,

Sugestivo de aromas y de espliego;

Y evaporada entre mis brazos luego,

Soñaste mundos de arrebol y encaje...


Libres de la zozobra momentánea

—sin recelarnos de emergencia alguna—

En los breves silencios, oportuna


Te abandonabas a mi fe espontánea;

Y sobre un muro, al trascender, la luna

Nos denunciaba en frágil instantánea.


parques / El Diario Español, (Buenos Aires), ago. 11, 1907.











Repercusión aciaga


Monologando en íntimo desdoble,

Desplomóse tu frente entre tu mano;

La solariega ancianidad del roble

Era testigo de mi mal lejano...


Subía la montaña al son del doble

La mancha oscura de un cortejo aldeano;

Y junto al ataúd, aullando, el noble

Perro gemía con un llanto humano.


Fraternizando con tan honda nota,

Ligónos una horrenda simpatía...

Por una breve inspiración remota,


El cisne del amor cantó aquel día,

Y en el mismo pañuelo de agonía

Fundimos nuestras almas gota a gota.


parques / El Diario Español, (Buenos Aires), ago. 11, 1907











Nocturno


Todo era amor en el lozano ambiente;

Todo era fiesta en el amable prado;

Y en un banco decrépito a tu lado,

Yo sólo el mudo y tú la indiferente...


A qué insistir!, me dije obsesionado,

Muerta de noche y sin color la frente:

A qué insistir!, si esta mujer no siente,

Si no sabe llorar, ni nunca ha amado!


Sonó la orquesta en la terrasse contigua,

Y todo se turbaba de una ambigua

Pesadilla de Schumann... Entre tanto,


Tu clara risa con que al cielo subes,

Aparecía bajo un tul de llanto

Como un rayo de luna entre dos nubes...!


parques / El Diario Español, (Buenos Aires), ago. 11, 1907











Panteísmo


Los dos sentimos ímpetus reflejos,

Oyendo, junto al mar, los fugitivos

Sueños de Glück, y por los tiempos viejos

Rodaron en su tez oros furtivos...


La luna hipnotizaba nimbos vivos,

Surgiendo entre abismáticos espejos.

Calló la orquesta, y descendió a lo lejos,

Un enigma de puntos suspensivos...


Luego: la inmensidad, el astro, el hondo

Silencio, todo penetró hasta el fondo

De nuestro ser... Un inaudito halago


De consustanciación y aéreo giro

Electrizónos, y hacia el éter vago

Subimos en la gloria de un suspiro...


parques / El Diario Español, (Buenos Aires), ago. 11, 1907











Flor de ángel


Causóle pena el desenlace amargo...

No era un cuento de niños, por supuesto;

Iba en los dieciséis, y aparte de esto

Me sorprendió con su vestido largo.


—”Filis murio de amor, y bajo un tiesto

De rosas, duerme el eternal letargo...”,

Dije; y huraña, al contener su embargo,

Miró a la noche humedeciendo un gesto...


¿Fui yo, la luna o la ocasion traidora

Que abrió su tenue corazon de aurora...?

Su frente de irreales alabastros


Se inclino apenas, como el heliotropo

Que se despierta bajo el primer copo

De blanco amor, y expira hacia los astros...



c. 1907.











Muerte blanca


Morías, como un pajaro en su nido,

En tu trono emoliente de escarlata;

Tus dedos picoteaban al descuido

La fresa que asomaba entre la bata...


A ratos delirabas la sonata

Que te inspiró un amor desvanecido;

Y, oh resurrexit!, con la aurora beata

Se abrió a tus ojos un edén florido.


Plegóse en suavidades de paloma

Tu honda mirada. Un religioso aroma

Fluyó´del alma, entre los labios flojos,


Y florecieron bajo tus pupilas,

Como sonrisas muertas de tus ojos,

Dos diminutas mariposas lilas.


Apolo (Montevideo - Buenos Aires - Santiago), mar. 1908.










Almas pálidas


Mi corazón era una selva huraña...

El suyo, asaz discreto, era una urna...

Soñamos... Y en la hora taciturna

Vibró como un harmonium la campaña.


La excéntrica, la esfinge, la saturna,

Acongojóse en su esquivez extraña;

Y triste yo miraba la montaña

Hipertrofiarse de ilusión nocturna.


—¿Sufres, me dijo, de algún mal interno...

O es que de sufrimiento haces alarde?...

—Esplín !... —la respondí—. Mi esplín eterno!


—¿Sufres?...—la dije, al fin—. ¿En tu ser arde

Algún secreto?... Cuéntame tu invierno!

—Nada! —y llorando—: cosas de la tarde! ...


Apolo (Montevideo - Buenos Aires - Santiago), abr. 1908.











El rosario


Sólo la noche y tú, casto incensario,

Sabían mi odisea pecadora...

Volviendo de una orgía, hacia la aurora,

Te vi, la última vez, bajo el sudario...


Sé que me amaste, lirio visionario,

Que por mi culpa, enferma y soñadora,

Pasabas la vigilia, hora tras hora,

Confiando hacia los astros tu rosario...


Abrazado a la cruz, pensando aquellas

Náufragas horas desmayé la frente,

Rompiendo, al fin, en lúgubres querellas...


Mientras sobre tu tálamo yacente

La noche desgranaba dulcemente

Como un rosario fraternal de estrellas.


parques / Apolo (Montevideo - Buenos Aires - Santiago), may. 1908.











La viuda


Bajo la noche—su silueta aguda

Solemnizó—de adusto terciopeio...

Una discreta brumazón de duelo

Turbaba sus encantos de viuda...


No sé qué esfinge interrogante y ruda

Nos constreñía a respetar el velo,

Mientras frivolizaba un ritornelo

El surtidor en la heredad desnuda...


Interpretaban los silencios crueles

Y el imposible de un amor sin mieles.

Hadas del piano turbador, sus palmas...


Hinchóse de solemnes confesiones

La noche; y, oh dulzura, a nuestras almas

Se aproximaron las constelaciones!...


parques / Apolo (Montevideo - Buenos Aires - Santiago), may. 1908.











Eres todo!...


Oh tú, de incienso místico la más delgada espira,

Lámpara taciturna y anfora de soñar!

Eres toda la esfinge y eres toda la lira

Y eres el abismático pentagrama del mar.


Oh sirena melódica en que el amor conspira,

Encarnarción sonámbula de una aurora lunar!

De mis corderos blancos para tu pira

De mis trigos blancas hostias para tu altar.


Oh catedral hermética de carne visigoda!

A ti van las heráldicas cigüeñas de mi oda.

En ti beben mis labios, vaso de toda ciencia.


Lírica sensitiva que la muerte restringe!

Salve, noche estrellada y urna de quintaesencia:

Eres toda la lira y eres toda la esfinge!


c. 1908.